martes, 11 de abril de 2017

Cap 5_ El apareamiento del Dragón





Capítulo 5: El infierno del hombre y del dragón.

     La mirada de completo terror en los ojos grises del humano de baja estatura y cabello platinado estuvieron a punto de tocar el corazón de Gael. Aunque eso duró hasta que la soberbia criatura abrió la boca terca.
     —Humano imbécil— protestó— ¡Déjame ir!...No eres quién para detenerme.
     Aunque Moreth gruñía de una manera nada natural para un hombre, Gael no se sintió ni por asomo amenazado. Al contrario, el cuerpo más pequeño y espigado se contoneaba demasiado contra el más grande de los dos. Si te pone interesado un niñato imbécil eso significa que necesitas un buen revolcón, y pronto.
     —Este humano imbécil, como me llamas, será quién te enseñe algo de respeto para con el resto del mundo— le dio un empellón al joven dragón haciéndolo caer de culo sobre la hierba. 
     Moreth miró al campesino con sus grandes ojos grises a punto de salirse de su orbitas. Era como si por primera vez realmente fuera consciente de la gravedad de su nueva situación. El hombre había guardado su espada al cinto y a su espalda llevaba arco y flechas, aunque no vistiera armadura Moreth estaba bastante seguro de que el jefe de la aldea podía causarle problemas a la mayoría de los hombres.
     —Tienes que dejarme marchar— llevando la mano al collar de cuero en su cuello, trató con todas sus fuerzas de mantener la calma. Razonar con un humano no debería ser tan difícil— Esta es la idea malsana de un dragón senil. Es antinatural que un dragón real se doblegue ante un…
     —…ante un humano imbécil— Gael colocó las manos sobre sus caderas, la situación era francamente desesperante— ya has dicho eso antes. Trata de convencerme de otra manera, así no funciona.
     Moreth tenía que levantar la vista para mirar a la cara al hombre que el Señor Dragón había llamado Gael, hijo de Beirhar y Naryma. Tragando fuerte el nudo que se le había formado en la garganta, Moreth notó que estando en su forma humana era mucho más bajo que un humano promedio. El hombre de pie frente a él era demasiado grande y fornido como para ganarle en una pelea estando en esa débil naturaleza. Estaba jodido, muy jodido.
     Con cuidado de no hacer movimientos rápidos, Moreth se puso de pie evitando por todos los medios hacer que el hombre quisiera patearle el culo.
     —Puedo darte los tesoros de la cuerva del Señor Dragón— propuso mientras quitaba las briznas de hierba que se le había pegado a la túnica blanca que ocultaba las formas de su cuerpo desnudo bajo esta.
     Gael observó más que escuchar al hombre bonito. Era extraño ver a una belleza como esa entre campesinos rudos y sirvientes artos de vivir entre las paredes de un castillo. Ni siquiera cuando había marchado junto a su padre a conocer al rey pudo ver a una dama o a algún caballero con tal presencia.
     Fue un gran esfuerzo para Gael recordar que esa visión rubia no era más que un dragón con ínfulas de soberano y ego súper inflado. De seguir así tendría que buscar a algún hombre o alguna alegre dama que le ayudara con la comezón. La falta de sexo regular podía convertir a un hombre en un manojo de deseos frustrados.
     —Vendrás conmigo— se pasó los dedos por su cabello negro alborotando los mechones más que peinarlos. Cuando se había levantado esa mañana jamás imagino estar metido en semejante enredo— Diremos que eres mi primo lejano  que ha venido a visitarme a mis nuevas tierras.
     Las palabras de Gael hicieron que Moreth dejara de acicalarse para mirar con los ojos muy abiertos al humano loco.
     — ¿Eso quiere decir que no me exhibirás halándome de una cuerda por medio poblado? — las palabras estaban cargadas de tal incredulidad que era casi cómico.
     Gael gruñó, dando la vuelta comenzó a caminar rumbo a la aldea— Mueve el culo antes de que te cargue sobre mi hombro. No tengo tu tiempo, lagartija alvina.
     Moreth observó el cuerpo alto del hombre, sus espaldas anchas, su andar seguro sobre la tierra del claro. Nunca miró hacia atrás, como si diera por un hecho que él le seguiría.
     El dragón plantó sus pies desnudos sobre la tierra, no se movería de allí así fuera lo último a hacer en su vida.
     Gael caminó hasta llegar a la línea de árboles que marcaban el comienzo de un brazo del bosque que se extendía por toda la ribera del río. El sol ya marcaba la media mañana, pronto tendría que ayudar a los hombres con las ovejas y supervisar que las mujeres tuvieran lo necesario para tejer la ropa de invierno.
     Estaba en esos pensamientos al llegar bajo la sombra de los primeros aboles del lindero. Sintiendo la ausencia del dragón a su espalda, simplemente evocó el poder del collar que llevaba el otro hombre en el cuello.
     —Sígueme— fue la simple orden pronunciada apenas en un tono justo para que el otro le escuchara.
     — ¡Jamás! —gritó Moreth mientras las piernas por sí mismas se movían rombo al lugar donde estaba su carcelero.  
     El poder del collar era tal que podía volver sumiso a un dragón real, Moreth no lo podía creer. Aunque su cuerpo se movía al antojo de su amo, al menos su conciencia y su boca seguían tan libres como siempre lo habían sido.
     —Juró que te mataré mientras duermes— chilló el dragón mientras caminaba— Le apuestas demasiado a este juguete que me ata.
     —Baardok nunca me advirtió que este infierno también sería para mí— se quejó el guerrero mientras caminaba por entre los árboles.
     —El Señor Dragón pudo haberte mentido— jadeó Moreth al lastimar uno de sus pies con una piedra especialmente filosa. Ahora entendía por qué los humanos insistían en usar esas incomodas cosas en sus pies.
— Quizás él solo quería ver que tan ingenuo eres— insistió el joven rubio.
     Gael detuvo su andar para darse la vuelta nuevamente y ver lo que estaba pasando. El chico estaba sentado sobre un tronco caído mientras revisaba el aruño en su pie derecho.
     —A diferencia de algunos—, habló Gael mientras regresaba sobre sus pasos hasta donde estaba sentado Moreth— Baardok es un dragón decente, digno de confianza. Él no es un mocoso caprichoso que se cree la gran cosa por ser una lagartija blancuzca de mal genio.
     Si ya Moreth creía que odiaba al humano, ahora si pensaba que había cruzado el límite de lo posible.
     — ¿Y tú te crees muy decente obligándome a andar tras de ti como si fuera un vil perro? — Bufó al ver como su captor ponía una rodilla sobre el suelo alargando la mano para revisar su pie lastimado— No me toques.
     Gael fingió no escuchar a la insufrible criatura. Tomando el pálido pie entre sus manos pudo revisar que había pasado. Según podía notar el dragón no solía caminar largas distancias usando sus dos piernas, posiblemente era más de volar.
     La piel entre sus manos era algo más fría que la de un humano promedio, aunque suave al tacto. Gael sabía que acariciar la pantorrilla no venía al caso en ese momento, pero la tentación era tan grande que no pudo evitarlo.
     —¿Qué demonios haces? — jadeó Moreth al sentir las manos calidas sobre la piel. Jamás había sido tocado al estar en la forma de hombre.
     —Sólo revisó—, habló Gael sin enfrentar la vista del herido.
     Luego de una pequeña revisión se dio cuenta de que el problema estaba en uno de los talones, alguna superficie filosa había causado un aruño bastante profundo que se había ensuciado con tierra. Una imagen de sus propios labios posándose en el empeine  del dragón lo hizo jadear.
     —Hay que limpiar esto— anunció Gael con el ceño arrugado en profunda concentración. Apartando la mirada de la herida del dragón le dio un vistazo al lugar donde estaban, a unos pocos metros tras unos arbustos se podía escuchar la corriente del río— Tendré que llevarte.
     Moreth abrió la boca para protestar, pero en su lugar acabo dando un grito de sorpresa. El humano le había levantado en vilo como si  pesara lo mismo que un manojo de ramitas. Muy  a su pesar fue consiente de la manera en que los músculos del dorso del hombre se flexionaban y la calidez bajo la sencilla tela de la camisa. El olor le estaba pareciendo demasiado agradable al olfato de su animal que ahora dormía en su interior.
     — ¿A dónde me llevas? — gimió Moreth ante lo que estaba sintiendo. El collar tenía algún otro hechizo que lo estaba haciendo sentir extraño. Aunque la mañana había empezado fresca, ahora  estaba tornándose demasiado calurosa a pesar del techo formado por ramas de los árboles.
     —Necesitamos lavar la herida— se encogió de hombros Gael— No sé cómo será la manera en la que sana un dragón, pero con respecto a los humanos es mejor no dejar las heridas sucias o se forma una cosa blanca que da fiebre.
     La verdad sea dicha, tampoco Moreth tenía una idea clara de qué le pasaría a su cuerpo estando en su forma humana si resultaba lastimado.
     —Entonces si sabes lo que hay que hacer— trató de ser lo más digno posible en semejante situación— debes llevarme a donde pueda limpiar mi pie.
     Gael sonrió, realmente lo hizo. Jamás en sus treinta años de vida había conocido a alguien tan bonito e insoportable.
     El cuerpo liviano en sus brazos se revolvió incómodo.
     — ¿Se puede saber cuál es el chiste? — pellizco el lugar donde imaginó estaba una de las tetillas del hombre —Tus manos me están apretando demasiado el culo.
     — ¡Maldición! — Ladró Gael— Deja de hacer eso o juró que te tiro de cabeza en la corriente del río. Duele que alguien te pellizque así, a menos que quieras que te lo demuestre no lo hagas más.
     Esta vez fue el turno de Moreth de sonreír. Después de todo no podía matar al humano, pero al menos podría hacerle la vida algo más insoportable.
     —Trátame con respeto— rodeo con sus brazos el cuello de Gael, no fuera a ser que este realmente cumpliera su amenaza de tirarlo a la correntada.
     —Los dioses me libren de tratarte como algo menos que eso— levantó el rostro en oración a los antiguos— He sido un buen hijo, no pueden castigarme con esta peste.
     Moreth bien podía decir que ese día no había sido uno de sus mejores, aunque tenía que reconocer que era divertido hacer perder el juicio al humano melindroso.
     —Apúrate—, se quejó— no quiero tener fiebre como dijiste que podría pasar.
     Los pocos metros hasta el río fueron los más largos de su vida para Gael. El peso del joven hombre en sus brazos no era para nada agobiante, lástima que no se pudiera decir lo mismo de la lengua afilada que se cargaba el hijo de puta.
     —Llegamos— anuncio lo obvio mientras sentaba al chico sobre una de las rocas de la orilla.
     Moreth estuvo a punto de hacer notar que decir algo como eso era tonto, digno de un campesino con escasa imaginación. Claro que habían llegado, allí estaba el río prometido. El sonido de la tela al ser rasgada lo hizo concentrase en otro problema.
     — ¿Qué piensas que estás haciendo? — trató de retirar las grandes manos del humano que estaba rasgando el ruedillo de su túnica.
     —Cierra la boca por una puta vez en tu vida— rugió Gael como sólo un humano tenía derecho  a hacerlo— Ahora entiendo por qué Baardok parecía tan feliz cuando te tiró en mis brazos.
     Moreth guardó silencio. El poder del collar no le obligaba a ello, cosa distinta era en lo referente a su Señor Dragón. Verle volar alejándose fue una visión difícil de aceptar. Eso le confrontaba a la realidad de estar  solo nuevamente. Lo peor de todo es que esta vez nadie vendría a rescatarle, nadie cuidaría de él. Estaba solo en un mundo plagado de seres distintos sabiendo que jamás encontraría a alguien con quién compartir su corazón.  
     Gael limpio la herida con el agua del río, usando la tira de tela que había rasgado de la túnica del dragón vendó el talón para impedir se ensuciara nuevamente. Moreth estaba bajo su responsabilidad, esa era la úncia razón para tomarse tantas molestías.
     —No sabía que arañándote un talón te quedarías tan callado— habló mientras se incorporaba. Ver a su dragón en silencio no se sentía  correcto. Era como un anuncio de malos augurios.
     Moreth por su parte dejó de rumiar la lista de sus infortunios para dedicarle una mirada enfadada al hombre.
     —Eres realmente desagradable.
     Gael cruzó los brazos sobre su pecho. La criatura todavía sentada sobre la roca parecía un joven digno de estar en la corte de un rey. ¿Cómo las  apariencias podían ser tan engañosas? … Ese dragón ponsoñoso no tenía nada de dulce ni delicado. Arrastrar a veinte hombres y arrancar las estacas que sostenían la red no era cosa de margaritas del campo. Puta fuera su suerte.
     —¿Estas pensando demasiado? — Moreth se puso de pie con cuidado de no lastimar su talón vendado— Mejor usa tus músculos y llévame a la aldea. Si no me ordenas cambiar no podré adquirir mi verdadera forma, y en esta no llegaré muy lejos. 
     —¿Quién demonios es aquí el amo? — en un gesto de frustración extrema Gael se paso los dedos por los mechones desordenados de su pelo— Sé que voy a lamentar cada segundo de esto.
     Moreth sonrió tan diabólicamente como podía permitirle tener un rostro que parecía sincelado en alabastro. El cabello platinado tocaba suavemente sus hombros, en sus bonitos ojos grises podía leerse la promesa de terribles males.
     —Y esto solo inicia— susurro para sí mismo.
     —¿Dijiste algo? — Gael le increpó arrugando el ceño.
     —Nada que no llegarás a saber pronto— apartó con cuidado un mechón de cabello que le estorbaba la visión. La viva imagen de la inocensia.

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Lamento haber estado holgazaneando. Aquí les entrego este capítulo…Espero les guste…
Yo necesito saber si la historia se torna aburrida o si tiene alguna incongruencias que les moleste al leer… Recuerden que ustedes son importantes y sus comentarios me son muy útiles.

Con cariño:
Milagro Gabriel Evans


domingo, 26 de marzo de 2017

Cap 4_ El apareamiento del dragón










Capítulo 4: El justo castigo.

Moreth abrió los ojos lentamente encontrándose en su forma animal sobre el arenero. Asustado del cambio de locación trató de incorporarse, un fuerte dolor en su costado lo hizo quedarse quieto nuevamente.
— ¿Duele? — la pregunta del Señor Dragón hizo gemir al más joven. Ahora si estaba listo para morir.
—Solo un poco— respondió Moreth pasados unos segundos. Hacerse el muerto era infantil e inútil.
Baardok resopló dejando escapar una pequeña columna de fuego— Más te vale que te duela—, advirtió— porque lo que has hecho ha traído vergüenza a nuestra especie.
—Jamás pensé que esos campesinos inútiles se atrevieran a tenderme una trampa—, gruñó furioso Moreth— juró que me cobraré esta afrenta.
El rugido del Señor Dragón resonó en cada grieta de la montaña, los ojos rojos formaron dos ranuras delgadas.
—Lo que me propuso el humano lo creí sin proporciones—, habló a través  de sus dientes desnudos—pero veo que él ha visto lo que yo me negaba a aceptar. Te he cuidado desde que eras tan pequeño que te perdías en el arenero. Gasté mi tiempo tratando de mostrarte la verdadera sabiduría. Hoy solo  demuestras por que nuestra raza está perdida sin remedio.
A pesar del dolor en su costado, Moreth se puso sobre sus cuatro patas. Mirando incrédulo a su mentor espero alguna explicación, alguna cosa que le diera alguna pista de por que su mentor no estaba exigiendo venganza contra los humanos del poblado.
De la furia el Señor Dragón había pasado a la más profunda tristeza. Fue como si toda la energía vital del dragón hubiera sido extraída de cada fibra de su ser.
Moreth no pudo resistir más el tenso silencio.
—Me atraparon— se defendió todavía sin entender— Caí como un crédulo en una emboscada de humanos. Juró que no volverá a ocurrir. Les enseñaré a esos rastreros porque no es buena idea enfadarnos.
Con la cabeza gacha el enorme dragón negro se dirigió hasta la salida de la cueva donde dormía quien hasta ahora había sido su tesoro plateado.
—Cuidaré de ti hasta que te repongas—, habló sin dirigirle una segunda mirada a Moreth—luego te entregaré a la justicia de los humanos. La locura es un mal común entre los dragones, tenía la esperanza de que esta pasara lejos de nuestra guarida.
El impacto de las palabras de su señor dolió más que el golpe contra los árboles del bosque. Sabía que había sido parte de un nido antes de llegar con Baardok, podía recordar a sus progenitores, pero estos ya no eran más que una evocación lejana. El dragón negro era lo único que le quedaba y ahora este lo entregaba a sus enemigos.
La traición dolió como un hierro al rojo vivo empujado contra su corazón. Si antes sentía antipatía por los humanos, ahora les odiaba como jamás lo haría para con otro ser. Esas criaturas inferiores le habían quitado lo único que le quedaba. No tenía pasado, le quitaron su presente, en cuanto al futuro ese ni siquiera era una promesa para la raza de los dragones. Malditos fueran todos esos hijos de mujer.
Gracias a los recuerdos que guardaba de sus padres, Moreth sabía que era un dragón real, nobles entre los demás de su especie. Por eso levanto el rostro y se negó a dejarse morir. Podía ser que su corazón doliera, pero eso jamás nadie lo sabría.
A la mañana siguiente Moreth aceptó los alimentos traídos por su señor, comió sin mediar palabra. Por su parte Baardok tampoco hizo ningún intento de conversación, apenas dejó los trozos de carne  se marchó por donde había llegado.
Moreth le vio alejarse con fingida indiferencia, aunque no por eso dejó de notar la manera en que el dragón se movía sin la acostumbrada agilidad. Algo se había roto y el más joven no podía entender que estaba pasando.
Los días se sucedieron uno tras otro, el silencio se convirtió en costumbre. Al cabo de una semana el dragón blanco ya podía pasar de una forma a otra sin que las heridas dolieran demasiado. Batiendo las alas estuvo seguro de  que podría volar si era necesario.
El sonido de los pasos de Baardok alertó al animal plateado.
—Ya puedo levantar vuelo—, habló rompiendo el obligado mutismo— ya no hay razón para permanecer más tiempo aquí.
—Es bueno escuchar eso—, respondió el aludido mientras dejaba el desayuno frente al dragón real— las heridas en las alas siempre son de cuidado.
Si Moreth había tenido alguna esperanza de cambiar el rumbo de las cosas con su Señor Dragón, supo de inmediato que su destino estaba trazado. Baardok había tomado su decisión y no habría suplicas que lograran algún cambio.
En silencio esperó hasta escuchar como el mayor salía de las cuevas privadas dirigiéndose a la salida que daba al cielo despejado. Apenas estuvo seguro de estar complemente solo en la montaña, lloró como no lo hacía desde que era una cría de escamas suabes. Gruesas lágrimas rodaron por los costados de su hocico alargado, los ojos grises destilaron su amargura. Este sería el fin de la inocencia protegida que había sido su existencia hasta ahora.
Dos días más transcurrieron. Moreth extendió sus alas ejercitándolas, lo último que necesitaba era parecer débil frente a los humanos. Si iba a morir a manos de sus enemigos lo haría con dignidad. Estaba seguro que se llevaría a la otra vida a suficientes humanos como para que supieran lo que era halarle la cola a un dragón.
Baardok había llegado durante la mañana para notificarle que al día siguiente partirían hacia la aldea, que todo había sido acordado.
Aunque Moreth se moría de ganas por preguntar, se abstuvo. Con la cabeza en alto, con sus alas a los costados, escuchó con estoicismo sin rechistar.
El dragón más viejo le había mirado, como si esperara algo que nunca llegó. Girando se dirigió a la salida, el arrastre de sus patas susurraba contra el suelo de roca.
Apenas el sol nuevamente tocó la entrada de la cueva, la que daba a la saliente de aterrizaje, Moreth estaba allí esperando a Baardok. Estaba decidido, no le daría el gusto a nadie de saber cómo el miedo había echado raíces en su pecho.
Los pasos del dragón negro eran lentos, su peso se balanceaba de una pisada a la otra.
—Partamos ya—, avisó mientras abría las alas y se lanzaba al vació— nos esperan.
Moreth trató, pero al final fue en vano. Dándole una última mirada al conjunto de cuevas que llamó su hogar durante tanto tiempo, se despidió de todo aquello que una vez creyó seguro. Con las alas abiertas se entregó al poder del viento, era un condenado disfrutando de su último placer.
     El cielo mostraba su tono azul claro, pomposas nubes navegan perezosas arrastradas por un viento cálido. Las ágiles alas de Moreth todavía se sentían resentidas por el golpe de la anterior caída, pero aun así funcionaban bastante bien.
     Baardok mantuvo el curso hacía la aldea, o eso creyó Moreth que hacía su mentor. Esa mañana sería entregado a las criaturas rastreras. ¿Quién podría imaginarse los horrores a los que sería sometido? Si las cosas iban demasiado lejos estaba decidido a escapar, de todos modos el mundo era inmenso, podría ir a cualquier parte alejandose de su Señor Dragón.
     Con esa idea en mente siguió a Baardok hasta un campo abierto que había a menos de un kilómetro de la aldea. El lugar estaba bordeado por un espeso bosque oscuro. A la mayoría de humanos no les gustaba estar por allí.
     Aterrizando sobre sus cuatro patas Moreth imitó a su mentor. Juntos en medio del pequeño claro era un contraste digno de ser observado. El cuerpo grande del dragón negro, los siniestros ojos rojos; a su lado, el dragón mucho más pequeño de escamas plateadas y blancas  que veían el mundo a través de unos fríos ojos grises.
     Un movimiento entre los árboles atrajo la atención de los recién llegados. La figura de un humano conocido hizo que el mayor saludara con un gesto de cabeza mientras Moreth gruñó mostrando los dientes.
     — ¡Tú! — rugió más que hablar— Estas muerto… Pagarás la humillación.
     Antes de que Gael fuera consciente del peligro que corría al caminar tranquilamente por entre la hierba baja del pequeño prado, la enorme bestia abrió las alas, desnudó los dientes y preparó las garras, estaba listo para desmembrar a su oponente.
     Gael era el segundo hijo en una numerosa  familia, así que no solo el entrenamiento recibido en la casa de su padre por medios oficiales le había servido, si no que las constantes jugarretas de sus hermanos eran suficientes para mantener a un hombre consiente de lo que le rodeaba.
     Al sentir el cambio en el ambiente Gael levantó la vista para ver lo que se le venía encima. Aunque cargaba la filosa espada que había sido regalada por su padre Beirhar y hechizada por su madre Naryma, no la sacó de su funda para usarla contra la bella criatura blanca.
     En cambio el guerrero prefirió un rápido movimiento saltando varios metros encima del suelo cayendo sobre la cabeza y luego el dorso de la furiosa bestia que se había abalanzado a atacarlo. Cuando el animal se dio cuenta de la treta ya Gael se encontraba a salvo del otro lado.
     Moreth no se daría por vencido, usando su cola como arma la azoto contra el lugar donde estaba el arrogante humano que sonreía mostrando sus dientes. El estúpido se veía simplemente demasiado feliz para el gusto del dragón.
     Gael reacciono al ataque tirándose al suelo y rodando hasta quedar a dos metros del citio donde el dragón había lastimado la tierra. El golpe de haber acertado le habría arrancado la cabeza sin lugar a dudas. La lagartija alvina estaba muy, pero muy enfadada.
     —Quédate quieto— perdió la paciencia el dragón— Acepta como un hombre tu destino.
     —Y tú acepta como la dignidad de un dragón tu derrota— gritó en respuesta Gael. Realmente le estaba gustando ver las chispas que se encendía en los fríos ojos grises de la bestia. Después de todo en su casa familiar nadie nunca lo había acusado de ser un hombre prudente.
     —Voy a ensuciar mis garras con tú sangre— las palabras que salían del hocico de Moreth apenas si eran entendibles.
     Gael había notado que el dragón era rápido, aunque jamás se esperó que este extendiera sus alas para aplastarlo entre ellas desde ambas direcciones. El espacio para esquivar el ataque requería habilidades imposibles. Por puro instinto el hombre desenvainó la espada y la sostuvo en alto, no era su intención en un principio, pero si era necesario le mataría.
     Baardok era un dragón viejo y paciente, después de un rató de ver al par de jovenzuelos jugar al “corre que te atrapo”  creyó que ese era el momento ideal para parar la reyerta. Usando su pesó atacó por la espalda al más pequeño tirando al dragón blanco contra la hierba del prado.
     — ¡Alto!— fue la orden tajante del dragón negro— ¡Los juegos se acaban ahora!
     Gael bajó la espada al ver como Baardok sostenía con sus garras el cuerpo de Moreth manteniendolo con el pecho sobre la hierba, el  morro casi estaba enterrado en la tierra. Un gruñido bajo salía del humillado animal.
     —Déjame matarlo— suplicó a su mentor— Déjame emendar mi error. Jamás debí perdonarle la vida cuando se atrevió a tirar la red en mi contra.
     Baardok dejó salir su propio rugido que estremeció todas las terminaciones nerviosas de Gael. Por el escalofrío en el cuerpo más pequeño del dragón blanco se notaba que el humano no fue el único afectado.
     —Este será tu justo castigo—, sentenció el Señor Dragón— de ahora en adelante estarás bajo el mandato de Gael, hijo de Beirhar y de la hechiera Narima.
     Las palabras congelaron la sangre de Moreth, su corazón se saltó varios latidos. Lo que escuchaba no podía ser verdad. La rebeldía comenzó como una chispa en su pecho y ahora se convertía en una llamarada que le quemaba el alma.
     —Déjame solo con este humano y le mataré a la menor oportunidad. Jamás serviré a este hijo de hombre.
     Baardok como respuesta ignoró a su protegido, hablándole a Gael le explicó.
     —Este collar que colóco alrededor del cuello de Moreth tiene su contraparte en un brazalete que te entregaré— las palabras se vieron interrumpidas por una especie de neblina espesa que se desvaneció con la misma rapidez que llegó, dejando en lugar de los dos dragones a dos hombres en la misma posición que anteriormente tuvieran los animales.
     — ¿Qué hechicería es esta? — Levantó nuevamente la espada Gael— ¿A qué demonios están jugando?
     Baardok tenía muchos años de evitar tomar la forma humana. Así que el cambio le resultó bastante molesto, aunque en ningún momento descuido su postura sobre Moreth.
     Como humano el dragón negro tenía la apariencia de un hombre que llegaba a los cincuenta años, delgado y de canas entretejidas en un espeso cabello negro. Lo único que delataba su naturaleza dragonica era el color rojo zafiro de sus ojos. Con la transformación también Baardok invocó unas sencillas túnicas de algodón para ambos. La tela negra para el mayor y la blanca para su protegido.
     Moreth por su parte sintió como su cuerpo se empequeñecía hasta adquirir las formas y contornos de un joven en sus veinte años. Su cabello color plata le hizo cosquillas sobre sus hombros, sus brazos se vieron atrapados por las manos grandes del hombre que ahora era Baardok. Tan sorprendido estaba que no hizo ni el más mínimo intento para liberarse de tan incómoda posición contra la tierra del prado.
     —Dijiste que los humanos jamás deberían saber de nuestra capacidad de cambiar— acusó el joven— Dijiste que era una ley sagrada.
     —Ya no hay razón para acatarla—, la voz de Baardok todavía conservaba mucho del tono grave de su forma animal— no habrá más de nosotros para proteger con tal secreto. Estarás en las manos de Gael y él de un modo u otro terminaría por saberlo. Lo mejor esdejar las cosas claras de una vez.
     Gael recuperó el habla después de la impresión inicial, sin soltar la espada en dirección a los dos extraños seres que tenía frente suyo, interrumpió el diálogo entre los dragones— ¿Alguna otra cosa que me falte por saber?
     Sonriendo con algo de condescendencia el mayor de los presentes le respondió.—Esta apariencia no cambia nuestra naturaleza. Moreth sigue siendo un peligro para sí mismo y para todos. Temó que los dioses siempre tuvieron razón al condenarnos sin remedio.
     Con una fuerza no proporcional a su físico, Baardok levanto a Moreth del suelo dejándolo sobre sus piernas. El joven dragón quizo zafarse de su agarre, pero le fue imposible. Aunque lo intentó, sus músculos no respondieran a sus deseos.
     —Este brazalete te dará autoridad sobre Moreth a través del collar que luce en su cuello— el dragón negro le ofreció a Gael el objeto.
     A simple vista era  una amarra de cuero de unos cuatro centímetros de ancho con extraños gravados que jamás había visto antes. Nada que delatara su extraordinario poder.
     Moreth en ese momento lo sintió, tenía algo atado al cuello. Una vez había leído de algo como eso en un libro que Baardok no le permitió terminar de explorar. Ese amuleto de sumisión había sido condenado entre lo innombrable hacía tantos siglos que nadie recordaba  si realmente había existido en realidad.
     —Esto es algo que va más allá de lo que pedí en retribución— Gael guardó la espada— No puedo aceptar algo como eso. Mi madre me castraría si se entera de que acepte formar parte de este error. Nadie puede ser esclavizado de esa manera. Es demasiado.
     Baardok tiró al aire el brazalete obligando a Gael a apañarlo antes de que le diera de lleno en la cara. No hubo terminado de sostener el objeto cuando este por arte de magia apareció alrededor de su muñeca.
     —Solo te libraras de ese brazalete si Moreth muere o si yo vengo a pedirlo de regreso— fueron las palabras del mayor. Soltado al dragón más joven lo arrojó a los brazos del humano— Esta será una prueba para ambos.
     Con esas palabras Baardok regresó a su forma original. La criatura alzó vuelo emprendiendo el rumbo contrario a la montaña donde durante tanto tiempo vivió con su protegido.
     Gael se encontró asi mismo con los brazos llenos de un rubio de cuerpo esbelto que parecía estar tan sorprendido como él mismo. 


CAPÍTULOS ANTERIORES EN LA COLUMNA IZQUIERDA DEL BLOG
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No tienen idea de lo mucho que me han ayudado sus comentarios…
Cada uno me llega del blog directo al celular, los he leído uno por uno.
Infinitas gracias por las correcciones y los ánimos que me dan
con sus comentarios.

Estoy ansiosa de saber que opinan
de este capítulo.


Recuerden que si tienen alguna idea que deba tomar en cuenta

o algo que se deba arreglar, no duden en decírmelo. Yo
no tengo complejos raros que hagan que me molesten las
correcciones.
 

Con cariño:
Milagro Gabriel Evans