domingo, 28 de mayo de 2017

Sorpresa para los amigos

Sorpresa
Busquen en la pestaña que dice
“Descarga gratuita”,
allí guarde algo para los amigos que siempre están
conmigo en las buenas y en las malas.

Con cariño:
Milagro Gabriel Evans.


martes, 11 de abril de 2017

Cap 5_ El apareamiento del Dragón





Capítulo 5: El infierno del hombre y del dragón.

     La mirada de completo terror en los ojos grises del humano de baja estatura y cabello platinado estuvieron a punto de tocar el corazón de Gael. Aunque eso duró hasta que la soberbia criatura abrió la boca terca.
     —Humano imbécil— protestó— ¡Déjame ir!...No eres quién para detenerme.
     Aunque Moreth gruñía de una manera nada natural para un hombre, Gael no se sintió ni por asomo amenazado. Al contrario, el cuerpo más pequeño y espigado se contoneaba demasiado contra el más grande de los dos. Si te pone interesado un niñato imbécil eso significa que necesitas un buen revolcón, y pronto.
     —Este humano imbécil, como me llamas, será quién te enseñe algo de respeto para con el resto del mundo— le dio un empellón al joven dragón haciéndolo caer de culo sobre la hierba. 
     Moreth miró al campesino con sus grandes ojos grises a punto de salirse de su orbitas. Era como si por primera vez realmente fuera consciente de la gravedad de su nueva situación. El hombre había guardado su espada al cinto y a su espalda llevaba arco y flechas, aunque no vistiera armadura Moreth estaba bastante seguro de que el jefe de la aldea podía causarle problemas a la mayoría de los hombres.
     —Tienes que dejarme marchar— llevando la mano al collar de cuero en su cuello, trató con todas sus fuerzas de mantener la calma. Razonar con un humano no debería ser tan difícil— Esta es la idea malsana de un dragón senil. Es antinatural que un dragón real se doblegue ante un…
     —…ante un humano imbécil— Gael colocó las manos sobre sus caderas, la situación era francamente desesperante— ya has dicho eso antes. Trata de convencerme de otra manera, así no funciona.
     Moreth tenía que levantar la vista para mirar a la cara al hombre que el Señor Dragón había llamado Gael, hijo de Beirhar y Naryma. Tragando fuerte el nudo que se le había formado en la garganta, Moreth notó que estando en su forma humana era mucho más bajo que un humano promedio. El hombre de pie frente a él era demasiado grande y fornido como para ganarle en una pelea estando en esa débil naturaleza. Estaba jodido, muy jodido.
     Con cuidado de no hacer movimientos rápidos, Moreth se puso de pie evitando por todos los medios hacer que el hombre quisiera patearle el culo.
     —Puedo darte los tesoros de la cuerva del Señor Dragón— propuso mientras quitaba las briznas de hierba que se le había pegado a la túnica blanca que ocultaba las formas de su cuerpo desnudo bajo esta.
     Gael observó más que escuchar al hombre bonito. Era extraño ver a una belleza como esa entre campesinos rudos y sirvientes artos de vivir entre las paredes de un castillo. Ni siquiera cuando había marchado junto a su padre a conocer al rey pudo ver a una dama o a algún caballero con tal presencia.
     Fue un gran esfuerzo para Gael recordar que esa visión rubia no era más que un dragón con ínfulas de soberano y ego súper inflado. De seguir así tendría que buscar a algún hombre o alguna alegre dama que le ayudara con la comezón. La falta de sexo regular podía convertir a un hombre en un manojo de deseos frustrados.
     —Vendrás conmigo— se pasó los dedos por su cabello negro alborotando los mechones más que peinarlos. Cuando se había levantado esa mañana jamás imagino estar metido en semejante enredo— Diremos que eres mi primo lejano  que ha venido a visitarme a mis nuevas tierras.
     Las palabras de Gael hicieron que Moreth dejara de acicalarse para mirar con los ojos muy abiertos al humano loco.
     — ¿Eso quiere decir que no me exhibirás halándome de una cuerda por medio poblado? — las palabras estaban cargadas de tal incredulidad que era casi cómico.
     Gael gruñó, dando la vuelta comenzó a caminar rumbo a la aldea— Mueve el culo antes de que te cargue sobre mi hombro. No tengo tu tiempo, lagartija alvina.
     Moreth observó el cuerpo alto del hombre, sus espaldas anchas, su andar seguro sobre la tierra del claro. Nunca miró hacia atrás, como si diera por un hecho que él le seguiría.
     El dragón plantó sus pies desnudos sobre la tierra, no se movería de allí así fuera lo último a hacer en su vida.
     Gael caminó hasta llegar a la línea de árboles que marcaban el comienzo de un brazo del bosque que se extendía por toda la ribera del río. El sol ya marcaba la media mañana, pronto tendría que ayudar a los hombres con las ovejas y supervisar que las mujeres tuvieran lo necesario para tejer la ropa de invierno.
     Estaba en esos pensamientos al llegar bajo la sombra de los primeros aboles del lindero. Sintiendo la ausencia del dragón a su espalda, simplemente evocó el poder del collar que llevaba el otro hombre en el cuello.
     —Sígueme— fue la simple orden pronunciada apenas en un tono justo para que el otro le escuchara.
     — ¡Jamás! —gritó Moreth mientras las piernas por sí mismas se movían rombo al lugar donde estaba su carcelero.  
     El poder del collar era tal que podía volver sumiso a un dragón real, Moreth no lo podía creer. Aunque su cuerpo se movía al antojo de su amo, al menos su conciencia y su boca seguían tan libres como siempre lo habían sido.
     —Juró que te mataré mientras duermes— chilló el dragón mientras caminaba— Le apuestas demasiado a este juguete que me ata.
     —Baardok nunca me advirtió que este infierno también sería para mí— se quejó el guerrero mientras caminaba por entre los árboles.
     —El Señor Dragón pudo haberte mentido— jadeó Moreth al lastimar uno de sus pies con una piedra especialmente filosa. Ahora entendía por qué los humanos insistían en usar esas incomodas cosas en sus pies.
— Quizás él solo quería ver que tan ingenuo eres— insistió el joven rubio.
     Gael detuvo su andar para darse la vuelta nuevamente y ver lo que estaba pasando. El chico estaba sentado sobre un tronco caído mientras revisaba el aruño en su pie derecho.
     —A diferencia de algunos—, habló Gael mientras regresaba sobre sus pasos hasta donde estaba sentado Moreth— Baardok es un dragón decente, digno de confianza. Él no es un mocoso caprichoso que se cree la gran cosa por ser una lagartija blancuzca de mal genio.
     Si ya Moreth creía que odiaba al humano, ahora si pensaba que había cruzado el límite de lo posible.
     — ¿Y tú te crees muy decente obligándome a andar tras de ti como si fuera un vil perro? — Bufó al ver como su captor ponía una rodilla sobre el suelo alargando la mano para revisar su pie lastimado— No me toques.
     Gael fingió no escuchar a la insufrible criatura. Tomando el pálido pie entre sus manos pudo revisar que había pasado. Según podía notar el dragón no solía caminar largas distancias usando sus dos piernas, posiblemente era más de volar.
     La piel entre sus manos era algo más fría que la de un humano promedio, aunque suave al tacto. Gael sabía que acariciar la pantorrilla no venía al caso en ese momento, pero la tentación era tan grande que no pudo evitarlo.
     —¿Qué demonios haces? — jadeó Moreth al sentir las manos calidas sobre la piel. Jamás había sido tocado al estar en la forma de hombre.
     —Sólo revisó—, habló Gael sin enfrentar la vista del herido.
     Luego de una pequeña revisión se dio cuenta de que el problema estaba en uno de los talones, alguna superficie filosa había causado un aruño bastante profundo que se había ensuciado con tierra. Una imagen de sus propios labios posándose en el empeine  del dragón lo hizo jadear.
     —Hay que limpiar esto— anunció Gael con el ceño arrugado en profunda concentración. Apartando la mirada de la herida del dragón le dio un vistazo al lugar donde estaban, a unos pocos metros tras unos arbustos se podía escuchar la corriente del río— Tendré que llevarte.
     Moreth abrió la boca para protestar, pero en su lugar acabo dando un grito de sorpresa. El humano le había levantado en vilo como si  pesara lo mismo que un manojo de ramitas. Muy  a su pesar fue consiente de la manera en que los músculos del dorso del hombre se flexionaban y la calidez bajo la sencilla tela de la camisa. El olor le estaba pareciendo demasiado agradable al olfato de su animal que ahora dormía en su interior.
     — ¿A dónde me llevas? — gimió Moreth ante lo que estaba sintiendo. El collar tenía algún otro hechizo que lo estaba haciendo sentir extraño. Aunque la mañana había empezado fresca, ahora  estaba tornándose demasiado calurosa a pesar del techo formado por ramas de los árboles.
     —Necesitamos lavar la herida— se encogió de hombros Gael— No sé cómo será la manera en la que sana un dragón, pero con respecto a los humanos es mejor no dejar las heridas sucias o se forma una cosa blanca que da fiebre.
     La verdad sea dicha, tampoco Moreth tenía una idea clara de qué le pasaría a su cuerpo estando en su forma humana si resultaba lastimado.
     —Entonces si sabes lo que hay que hacer— trató de ser lo más digno posible en semejante situación— debes llevarme a donde pueda limpiar mi pie.
     Gael sonrió, realmente lo hizo. Jamás en sus treinta años de vida había conocido a alguien tan bonito e insoportable.
     El cuerpo liviano en sus brazos se revolvió incómodo.
     — ¿Se puede saber cuál es el chiste? — pellizco el lugar donde imaginó estaba una de las tetillas del hombre —Tus manos me están apretando demasiado el culo.
     — ¡Maldición! — Ladró Gael— Deja de hacer eso o juró que te tiro de cabeza en la corriente del río. Duele que alguien te pellizque así, a menos que quieras que te lo demuestre no lo hagas más.
     Esta vez fue el turno de Moreth de sonreír. Después de todo no podía matar al humano, pero al menos podría hacerle la vida algo más insoportable.
     —Trátame con respeto— rodeo con sus brazos el cuello de Gael, no fuera a ser que este realmente cumpliera su amenaza de tirarlo a la correntada.
     —Los dioses me libren de tratarte como algo menos que eso— levantó el rostro en oración a los antiguos— He sido un buen hijo, no pueden castigarme con esta peste.
     Moreth bien podía decir que ese día no había sido uno de sus mejores, aunque tenía que reconocer que era divertido hacer perder el juicio al humano melindroso.
     —Apúrate—, se quejó— no quiero tener fiebre como dijiste que podría pasar.
     Los pocos metros hasta el río fueron los más largos de su vida para Gael. El peso del joven hombre en sus brazos no era para nada agobiante, lástima que no se pudiera decir lo mismo de la lengua afilada que se cargaba el hijo de puta.
     —Llegamos— anuncio lo obvio mientras sentaba al chico sobre una de las rocas de la orilla.
     Moreth estuvo a punto de hacer notar que decir algo como eso era tonto, digno de un campesino con escasa imaginación. Claro que habían llegado, allí estaba el río prometido. El sonido de la tela al ser rasgada lo hizo concentrase en otro problema.
     — ¿Qué piensas que estás haciendo? — trató de retirar las grandes manos del humano que estaba rasgando el ruedillo de su túnica.
     —Cierra la boca por una puta vez en tu vida— rugió Gael como sólo un humano tenía derecho  a hacerlo— Ahora entiendo por qué Baardok parecía tan feliz cuando te tiró en mis brazos.
     Moreth guardó silencio. El poder del collar no le obligaba a ello, cosa distinta era en lo referente a su Señor Dragón. Verle volar alejándose fue una visión difícil de aceptar. Eso le confrontaba a la realidad de estar  solo nuevamente. Lo peor de todo es que esta vez nadie vendría a rescatarle, nadie cuidaría de él. Estaba solo en un mundo plagado de seres distintos sabiendo que jamás encontraría a alguien con quién compartir su corazón.  
     Gael limpio la herida con el agua del río, usando la tira de tela que había rasgado de la túnica del dragón vendó el talón para impedir se ensuciara nuevamente. Moreth estaba bajo su responsabilidad, esa era la úncia razón para tomarse tantas molestías.
     —No sabía que arañándote un talón te quedarías tan callado— habló mientras se incorporaba. Ver a su dragón en silencio no se sentía  correcto. Era como un anuncio de malos augurios.
     Moreth por su parte dejó de rumiar la lista de sus infortunios para dedicarle una mirada enfadada al hombre.
     —Eres realmente desagradable.
     Gael cruzó los brazos sobre su pecho. La criatura todavía sentada sobre la roca parecía un joven digno de estar en la corte de un rey. ¿Cómo las  apariencias podían ser tan engañosas? … Ese dragón ponsoñoso no tenía nada de dulce ni delicado. Arrastrar a veinte hombres y arrancar las estacas que sostenían la red no era cosa de margaritas del campo. Puta fuera su suerte.
     —¿Estas pensando demasiado? — Moreth se puso de pie con cuidado de no lastimar su talón vendado— Mejor usa tus músculos y llévame a la aldea. Si no me ordenas cambiar no podré adquirir mi verdadera forma, y en esta no llegaré muy lejos. 
     —¿Quién demonios es aquí el amo? — en un gesto de frustración extrema Gael se paso los dedos por los mechones desordenados de su pelo— Sé que voy a lamentar cada segundo de esto.
     Moreth sonrió tan diabólicamente como podía permitirle tener un rostro que parecía sincelado en alabastro. El cabello platinado tocaba suavemente sus hombros, en sus bonitos ojos grises podía leerse la promesa de terribles males.
     —Y esto solo inicia— susurro para sí mismo.
     —¿Dijiste algo? — Gael le increpó arrugando el ceño.
     —Nada que no llegarás a saber pronto— apartó con cuidado un mechón de cabello que le estorbaba la visión. La viva imagen de la inocensia.

__________________________


Lamento haber estado holgazaneando. Aquí les entrego este capítulo…Espero les guste…
Yo necesito saber si la historia se torna aburrida o si tiene alguna incongruencias que les moleste al leer… Recuerden que ustedes son importantes y sus comentarios me son muy útiles.

Con cariño:
Milagro Gabriel Evans